Archivos del mes de junio 2012

jun
24

La última obra en español de Paramahansa Yogananda recibe dos premios literarios

Categorías: Noticias

La seguran venida de Cristo

Nueva York— El pasado martes 5 de junio y coincidiendo con BookExpo America, la mayor feria del libro de Estados Unidos, se celebró en el prestigioso Instituto Cervantes de Nueva York la entrega de los premios ILBA 2012. En esta 14ª edición de los International Latino Book Awards (ILBA), La Segunda Venida de Cristo de Paramahansa Yogananda, publicado por Self-Realization Fellowship, recibió dos máximos galardones: el “Premio al Mejor Religioso en Español” y el “Premio al Mejor Libro Espiritual/Nueva Era en Español”. El objetivo principal de los Premios ILBA es el reconocimiento y promoción de la excelencia literaria en el ámbito hispanohablante, y a lo largo de su andadura ha galardonado a autores tan conocidos internacionalmente como Paulo Coelho, Isabel Allende o Carlos Ruiz Zafón.

La Segunda Venida de Cristo demuestra que el mensaje universal de Jesús no sólo es válido para personas de todos los credos, sino que es de trascendental importancia para la vida de cualquier ser humano.

En este revelador comentario de los Evangelios, Paramahansa Yogananda, el célebre autor de Autobiografía de un yogui, desentraña el misterio último de las enseñanzas originales de Jesús: cómo resucitar al Cristo que mora en nuestro propio interior.
Esta obra de Paramahansa Yogananda, calificada en el diario Los Angeles Times como “revolucionaria”, constituye un hito sin precedentes en la historia del cristianismo, pues es la primera vez que un reconocido yogui de la India —considerado el padre del Yoga en Occidente— interpreta, versículo a versículo, todas las palabras de Jesús en los Evangelios a la luz de la milenaria sabiduría del Yoga.

jun
23

Preparativos de Visita Monástica 2012

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jun
1

Encuentro a mi Maestro, Sri Yukteswar.

Categorías: Lecturas

Nos dirigimos junto con Habu al mercado que estaba en la distante zona bengalí de Benarés. El sol nada gentil de la India no llegaba aún al cenit cuando ya nosotros habíamos efectuado nuestras compras en los diferentes bazares. Nos habrimos paso poco a poco, en medio del fárrago, lleno de colorido de mujeres, sirvientes, guías, clérigos, viudas sencillamente ataviadas, brahmanes con aire de dignidad, sin faltar los intocables toros sagrados. Al pasar frente a una modestísima callejuela, volví la cabeza para contemplarla.

Un hombre de aspecto crístico, vestido con la túnica ocre de los swamis, permanecía estático al final de la callejuela. Su aspecto me pareció instantánea y arcaicamente familiar. Por un instante, mi mirada le devoró ávidamente; luego, la duda me asaltó.

“Estás confundiendo a este monje errante con algún otro que conoces”, pensé; ¡soñador sigue tu camino! “.

Diez minutos después sentí un fuerte entumecimiento en los pies, como si se me hubiesen vuelto de piedra y se hallaran imposibilitados para llevarme más adelante.

Con dificultad me volví hacia atrás, y entonces mis pies retornaron a la normalidad.

Me volví otra vez en dirección opuesta, y los sentí pesados nuevamente.

“El santo está atrayéndome magnéticamente “. Con este pensamiento, amontoné los paquetes en los brazos de Habu. El había estado observando con curiosidad lo incierto de mi caminar y ahora rompía a reír a carcajadas.

“¿Qué, te has vuelto loco?”

La avalancha de emociones que me poseían me impidieron contestarle.

Rápida y silenciosamente, me marché. Como si volara con el viento, volví sobre mis pasos y llegué hasta la estrecha callejuela. Con una breve mirada, descubrí la callada figura del santo, que miraba fijamente en mi dirección.

Unos pasos más y estaba a sus pies.

“¡Gurudeva! Su divina faz no era otra que la que había visto en millares de visiones.

Esos ojos elocuentemente serenos, y la majestuosa cabeza leonina, su barba terminada en punta y su rizada cabellera suelta, se me habían presentado frecuentemente en la oscuridad, en mis nocturnas ensoñaciones, revelando una promesa que yo no había entendido completamente.

“¡Hijo mío, por fin has venido a mí!” Mi gurú profería esta frase una y otra vez en lengua bengalí, con voz trémula de gozo: “¡Cuántos años te he estado esperando!”

Autobiografía de un Yogui

Paramahansa Yogananda.