4219429701_75a58a157dGuruji, me alegra encontrarle a solas esta mañana.Yo acababa de llegar a la ermita de Serampore, llevando conmigo un fragante cargamento de rosas y frutas.Sri Yukteswar me miró humildemente.

-¿Qué deseas?- -Mi maestro recorrió la habitación con la vista, como si buscara por dónde escapar.

-Guruji, cuando vine la primera vez a usted, yo era un muchacho de escuela secundaria, ahora soy un hombre y ya con una o dos canas.Aún cuando desde el primer instante hasta ahora, usted me ha envuelto en su silencioso afecto, ha de recordar que solo una vez, en el día de nuestro primer encuentro, me dijo “Te Amo”- le dije esto con una mirada suplicante.

Mi Maestro, bajó los ojos.

-Yogananda, ¿ es necesario que traiga al frío reino de las palabras los cálidos sentimientos , mejor guardados en las mudas expresiones del corazón ¿-

-Guruji, yo sé que usted me ama, pero mis oídos mortales están ansiosos de oírselo decir.

-Sea como tu quieras.Durante mi vida de casado, desee con frecuencia tener un hijo para educarlo en el sendero del yoga.Pero cuando tú llegaste quedé satisfecho, en ti he encontrado al hijo que tanto añoraba.-Dos límpidas lágrimas centelleaban en los ojos de Sri Yukteswar.

Yogananda siempre te he amado.

Su respuesta es mi pasaporte al cielo, sentí que me quitaban un peso del corazón, disuelto para siempre con las palabras.

Su omnipresente guía ha estado conmigo no únicamente en el barco-concluí- .sino también durante mis quince años en el vasto y hospitalario territorio de América.

Yogananda, vas a marcharte a Calcuta? por favor, regresa mañana, tengo algo que decirte.

A la tarde siguiente, con unas sencillas palabras de bendición, Sri Yukteswar me confirió el título monástico de Paramahansa.Este título sucede ahora al anterior de swami-me dijo, mientras yo me arrodillaba ante él.

“Mi tarea en la tierra ha terminado,a ti te toca continuarla”

Llorando abracé sus pies, él se levantó me bendijo tiernamente.

Fuente: Paramahansa Yogananda, Autobiografía de Un Yogui.