Categoría Lecturas

Jun
1

Nos dirigimos junto con Habu al mercado que estaba en la distante zona bengalí de Benarés. El sol nada gentil de la India no llegaba aún al cenit cuando ya nosotros habíamos efectuado nuestras compras en los diferentes bazares. Nos habrimos paso poco a poco, en medio del fárrago, lleno de colorido de mujeres, sirvientes, guías, clérigos, viudas sencillamente ataviadas, brahmanes con aire de dignidad, sin faltar los intocables toros sagrados. Al pasar frente a una modestísima callejuela, volví la cabeza para contemplarla.

Un hombre de aspecto crístico, vestido con la túnica ocre de los swamis, permanecía estático al final de la callejuela. Su aspecto me pareció instantánea y arcaicamente familiar. Por un instante, mi mirada le devoró ávidamente; luego, la duda me asaltó.

“Estás confundiendo a este monje errante con algún otro que conoces”, pensé; ¡soñador sigue tu camino! “.

Diez minutos después sentí un fuerte entumecimiento en los pies, como si se me hubiesen vuelto de piedra y se hallaran imposibilitados para llevarme más adelante.

Con dificultad me volví hacia atrás, y entonces mis pies retornaron a la normalidad.

Me volví otra vez en dirección opuesta, y los sentí pesados nuevamente.

“El santo está atrayéndome magnéticamente “. Con este pensamiento, amontoné los paquetes en los brazos de Habu. El había estado observando con curiosidad lo incierto de mi caminar y ahora rompía a reír a carcajadas.

“¿Qué, te has vuelto loco?”

La avalancha de emociones que me poseían me impidieron contestarle.

Rápida y silenciosamente, me marché. Como si volara con el viento, volví sobre mis pasos y llegué hasta la estrecha callejuela. Con una breve mirada, descubrí la callada figura del santo, que miraba fijamente en mi dirección.

Unos pasos más y estaba a sus pies.

“¡Gurudeva! Su divina faz no era otra que la que había visto en millares de visiones.

Esos ojos elocuentemente serenos, y la majestuosa cabeza leonina, su barba terminada en punta y su rizada cabellera suelta, se me habían presentado frecuentemente en la oscuridad, en mis nocturnas ensoñaciones, revelando una promesa que yo no había entendido completamente.

“¡Hijo mío, por fin has venido a mí!” Mi gurú profería esta frase una y otra vez en lengua bengalí, con voz trémula de gozo: “¡Cuántos años te he estado esperando!”

Autobiografía de un Yogui

Paramahansa Yogananda.

Mar
14

Anoche-continuó Mejda – vi dos luces que se cernían sobre mí. Sé que gurudeva abandonó su cuerpo. Mejda lloraba mucho y repetía una y otra vez-no debería haberme demorado en venir a Puri.

Cuando entramos en el ashram y nos enteramos que lo que más temíamos se había hecho realidad, todos prorrumpimos en llanto. El cuerpo de Sri Yukteswarji, sentado en la postura de loto y reclinado contra la pared de su habitación, nos dio la impresión de que estaba sumido en profunda meditación. Mejda no tenía consuelo.

Nos enteramos por Atulya Babu que cuando él estaba redactando el telegrama que le enviaría a Mejda, Giriji Maharaj pidió ver ese telegrama. En el mensaje que Atul había redactado, éste había usado la frase” seriamente enfermo”. Giriji le pidió que la cambiase por “nunca tan enfermo “. Mejda se puso a llorar nuevamente y dijo que jamás se disculparía por haber llegado un día más tarde.

Mejda pidió al Señor Wright que se quedase en la habitación en la que estaba el cuerpo de Sri Yukteswar mientras nosotros íbamos a la costa cercana para bañarnos en el océano y elevar nuestras oraciones antes de los ritos fúnebres.
Efectuar una inmersión en el mar es un acto piadoso que todos los peregrinos que acuden a la ciudad sagrada de Puri realizan.
Cavamos un gran sepulcro cuadrado en el jardín del ashram y lo revestimos con ladrillos y argamasa y luego cubrimos el fondo con unos sesenta centímetros de sal. Los antiguos y solemnes ritos de inhumación de los swamis fueron dirigidos por Mejda, y nosotros bajamos cuidadosamente el cuerpo de Sri Yukteswarji, todavía sentado en la postura de loto, dentro de la cripta, con su cuerpo enfrentando al templo del señor Jagannath. Una vez que la tumba fue cubierta, construimos en ese sitio un samadhi mandir temporal, de bambú (un templete en memoria de una persona santa).

El señor Wright filmó la inhumación a fin de conservar para la posteridad, cómo se vio, por última vez, el cuerpo mortal del gran Gurú.

Libro Mejda
Pág. 229

Mar
8

master08Prokas Das me escribió recientemente que estás poniendo el Centro en funcionamiento en el Nº 4 de Garpar Road. Esta noticia me alegró muchísimo, y también tu decisión de prestar de esta manera un servicio espiritual. Lo que has emprendido debes llevarlo a cabo hasta el final. Deberás borrar el recuerdo de las tragedias pasadas aferrándote cada vez más a Dios y realizando alguna labor religiosa. Tienes mi plena aprobación para lo que has iniciado y este noble servicio lo deberás cumplir hasta el fin. Procura hacer que esa obra se mantenga con sus propios recursos y ganarte la simpatía y el interés de la gente del lugar.

También debes practicar Kriya con regularidad y escribirme con regularidad.

Mi más sincero amor hacia ti y mis bendiciones para tu esposa e hijos. Borra todos los recuerdos de la tragedia (muerte de Shyamsundar, hijo de Sananda) erigiendo a Dios el altar de la meditación.

Todo lugar de la tierra es un lugar de tragedia: sólo encontrando la omnipresencia de Dios todos esos lugares de oscuras pruebas se iluminan con la luz de Dios.

Mantente firme en lo que has iniciado.

Con incesante bendiciones y amor para ti y para todos.

Mejda

Pag.256

Dic
31

“Padre Celestial, danos fuerza para llevar a cabo todas nuestras buenas resoluciones que hemos hecho para este año nuevo. Puedan nuestros actos ser siempre gratos a tus ojos. Nuestro Espiritu esta dispuesto. Ayúdanos a realizar todos nuestros nobles deseos para este nuevo año. Razonaremos, decidiremos y actuaremos; pero guía Tú nuestra razón, nuestra voluntad y nuestra actividad hacia la meta correcta en todos nuestros actos.”
Om Paz Amén

Paramahansa Yogananda

Dic
22

navidad 2011 en el Templo 032

«Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica. A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames».

Lucas 6:29-30, Sermón del Llano.

«Jesús se refiere una vez más (como en el caso del principio de no matar) al ideal de no ejercer violencia (ahimsa) contra ningún ser humano-ya sea en pensamiento, palabra u obra-. Este ideal exige liberarse del deseo de venganza y no resistir el mal por métodos malignos. Jesús aconseja a los hombres vencer el mal con la virtud infinitamente poderosa del perdón y del amor. En sentido figurado, se refiere al hecho de presentar la otra mejilla para ilustrar la influencia de la bondad sobre el comportamiento hostil. Si uno descarga su ira con una bofetada y recibe otra a cambio, esa conducta sólo aumenta la ira y el deseo de propinar golpes aún más fuertes, ¡y tal vez un puntapié o una bala! En contraposición, una respuesta calmada resulta sumamente desconcertante y desarma al oponente.

El ideal de no tomar represalias no justifica entregarse mansamente ante la maldad o aprobar en forma tácita el mal. Presentar la otra mejilla no tiene como fin debilitarnos mental o moralmente, ni hacer que soportemos una relación personal abusiva o violenta; más bien tiene el propósito de infundirnos la fortaleza del autocontrol, la cual se obtiene al vencer el impulso de actuar  bajo la influencia del deseo de venganza. Es fácil tomar represalias; se requiere en cambio una gran fortaleza mental para no devolver el golpe. Es preciso poseer un carácter espiritual fuerte y principios muy elevados para resistir el mal por medio de la virtud.

Una persona que se ha perfeccionado en la no violencia no permite que nadie le arrebate su paz interior. Cuando, a través del ejemplo espiritual y de la firme determinación, ella es capaz de conservar su modélica personalidad a pesar de todo cuanto amenace con robarle la calma, se convierte a los ojos de los demás en un sobresaliente ejemplo de la verdad».